VI. Adiós a los Parques (Naturales): Route 66, Disneyland y San Diego

Hackberry General Store (Route 66)

Nos apetecía ver alguna cosa diferente que el tramo de la Route 66 más visitado habitualmente, ya que recordábamos que era una zona extremadamente enfocada al turismo de suvenires y, en nuestra opinión, una zona totalmente sobrevalorada.

Así que, después de dar una pasada rápida por Williams, nos fuimos dirección a Sedona. Esta zona del estado de Arizona también es muy turística, pero quizás está más enfocada al turismo nacional americano. De hecho, Sedona, es una zona de recreo enclavada en un paraje natural muy bonito de cañones y tierras rojizas, famosa por ser un centro espiritual con enigmáticos vórtices de energía, por la comunidad artística que vive allí y por los deportes de aventura al aire libre que se pueden practicar. Otro pueblo pequeño que quisimos visitar era Prescott, más auténtico y un poco menos turístico que Sedona, tenía el aura del típico pueblo del oeste americano moderno, con casas estilo victoriano, edificios bajos y conservando el ambiente de antaño, todo alrededor de la típica plaza con los juzgados que nos encajaría viendo cualquier película americana.

Después de esta pequeña vuelta volvimos hacia la Route 66 original, pasamos por Seligman, Peach Springs y fuimos hasta la famosa tienda de suvenires Hackberry General Store, donde puedes encontrar todo tipo de recuerdos para demostrar que has estado ahí. Habíamos leído que en algunos lugares se podían ver coches antiguos queriendo imitar a Rayo McQueen y a los protagonistas de Cars, y quizás eso les gustaría a los niños, pero la verdad es que todo nos pareció bastante cutre. Incluso tuvimos que explicarles a los niños a quién intentaban parecerse esos coches viejos de desguace. En resumen, la Route 66 nos venía de pasada y poca cosa más.

Route 66

Route 66

Route 66

Llegamos a Kingman donde teníamos reservado el hotel Ramada Kingman, un hotel muy original con ambientación, como no, de la Route 66 y de películas americanas y con una piscina muy bonita en el centro del hotel que no pudimos utilizar. Una tormenta enorme nos alcanzó justo cuando dejábamos las maletas en la habitación y la piscina se cerró inmediatamente. Aprovechamos para que los niños jugaran en la habitación del hotel mientras los adultos nos encargábamos de hacer la colada. Casi todos los moteles y hoteles disponen de servicio de lavandería, que consiste en una habitación con lavadoras y secadoras que funcionan normalmente con monedas de cuarto de dólar. Simplemente hay que añadir el detergente, que normalmente venden dosificado en máquinas en la misma habitación de la lavandería, controlar el tiempo de lavado y poner luego la ropa en la secadora. ¡Listo! Ropa limpia para unos días más.

Lavandería del Ramada Kingman

Había despejado la tormenta y salimos a dar una vuelta por Kingman. Vista la famosa y enorme locomotora Atchison, Topeka and Santa Fe Railway 3759, que es el símbolo de la ciudad, nos fuimos a cenar al también famoso restaurante Mr. D’z Route 66 Diner, un local de ambientación retro de los años 50 con la clásica Jukebox para poner música, sillas redondas en la barra, fotos y camareras vintage.

Mr. D'z Route 66 Diner (Kingman)

Mr. D'z Route 66 Diner (Kingman)

Nos despertamos al día siguiente con el único objetivo de llegar a dormir a Anaheim, sin ninguna prisa y ninguna visita programada, eran 6 horas de coche y no queríamos añadir ninguna parada más.

El día se hizo largo, primero por carreteras atravesando el interminable desierto, tramos donde durante decenas de quilómetros no se veía nada con vida y donde apenas circulaban coches, y luego la autopista I-10W que, ya a 100 quilómetros de Los Angeles iba cargadísima de coches. Una pequeña parada técnica en el Desert Hills Premium Outlets de Palm Springs nos alegró un poco el día a los padres y los niños descansaron de tanto coche por un rato. Llegamos a nuestro hotel, el Best Western Plus Anaheim Orange County donde teníamos dos noches reservadas, nos bañamos en la piscina y nos fuimos a comer a Orange, a 10 minutos del hotel en coche. Nos sorprendió, no nos imaginábamos una ciudad tan cercana a Los Angeles con un centro tan tranquilo y con tanto ambiente. Cenamos unas pizzas al estilo “make-your-own-pizza” en The Pizza Press que nos parecieron buenísimas.

Los niños no la sabían, pero había llegado su día especial, teníamos las entradas a Disneyland Park compradas desde hacía tiempo pero no les habíamos dicho nada. Cuando nos levantamos y desayunamos, como cada día nos preguntaron: ¿Y hoy, qué hacemos? Nuestra respuesta fue: Hoy vamos a ver un parque. La cara de cansancio lo dijo todo y hasta nos temimos un motín, imaginaban otra jornada de calor y caminatas en un parque natural. Pero evidentemente cuando llegamos y vieron al tipo de parque al que íbamos se volvieron los hijos más buenos del mundo y los más agradecidos (al menos durante un rato). Era la primera vez que íbamos a un parque de Disney y, a pesar del elevadísimo precio de las entradas, nos gustó bastante. Salimos contentos del parque y los niños encantados del día.

Disneyland Park (Anaheim)

Al día siguiente íbamos a San Diego, ciudad que nos había quedado pendiente del anterior viaje y de la que habíamos oído buenos comentarios. Aprovechamos que bajábamos por la costa del Pacífico para ir un rato a la playa. Qué menos que bañarse en el Océano Pacífico alguna vez en la vida. Leyendo alguna recomendación decidimos parar en la playa de Crystal Cove, entre Newport Beach y Laguna Beach, estuvimos un rato pero el agua estaba muy fría. Además, para ser sinceros, mucho mejor el Mar Mediterráneo y las playas de la Costa Brava.

Crystal Cove (Laguna Beach)

Antes de llegar a San Diego hicimos una breve parada en La Jolla, uno de los símbolos de la ciudad y donde hay unas preciosas vistas a la costa y a los acantilados. Este barrio de San Diego es famoso porque se pueden ver leones marinos que habitan durante todo el año en la zona. Llegamos a San Diego donde nos alojaríamos las dos siguientes noches en el hotel Best Western Lamplighter Inn & Suites at SDSU, a las afueras de la ciudad. La primera noche salimos a pasear por el Gaslamp Quarter, un barrio histórico situado en el downtown de la ciudad con muchas tiendas y mucho ambiente, y acabamos cenando una rica hamburguesa y unos enormes aros de cebolla en Hodad’s Downtown. Como pasa también en San Francisco, San Diego es una ciudad con muchísimos homeless, en algunos lugares de la ciudad bastante céntricos hasta se ven campamentos con gente indigente durmiendo en tiendas de camping. Es una imagen chocante.

La Jolla

Teníamos un día entero para visitar la ciudad de San Diego, así que empezamos haciendo una parada en el Balboa Park, el centro cultural de la ciudad y lugar maravilloso para visitar museos y pasear tranquilamente si no fuera por el calor insoportable que hacía ese día. Decidimos volver al coche donde el aire acondicionado nos daba un respiro y aprovechamos para ir hasta la isla de Coronado cruzando el impresionante Coronado Bridge. Volvimos al centro de la ciudad para ver el downtown de día, nos apetecía mucho ir a comer a un restaurante mexicano y habíamos leído que San Diego es un excelente lugar para degustar esta gastronomía, así que fuimos a The Taco Stand en el centro donde comimos unos tacos y burritos hechos al momento deliciosos. El lugar es pequeñito y está lleno de gente, pero la comida merece mucho la pena. Lo mejor que podíamos hacer con el calor que hacía era ir un rato a descansar al motel, bañarnos en la maravillosa piscina y salir por la tarde cuando la temperatura hubiera bajado un poco, todos los miembros de la familia estábamos de acuerdo.

Después de descansar salimos en coche para ir hasta Point Loma y Cabrillo National Monument, pero cuando llegamos vimos que a las 5 de la tarde ya había cerrado. Igualmente toda la zona de Point Loma es curiosa, las vistas a la ciudad de San Diego son muy bonitas, hasta dicen que se puede ver Tijuana. Por la carretera que te lleva a Cabrillo National Monument atraviesas una zona militar que es de la Navy de los Estados Unidos donde se encuentra el espectacular Fort Rosecrans National Cemetery, un cementerio militar con unas vistas impresionantes. Después volvimos a la ciudad para ver el famoso USS Midway, un portaaviones enorme de la marina de los Estados Unidos que está fijo en San Diego y que se puede visitar previo pago, aunque desde el mismo aparcamiento se puede tener una visión del mismo (suficiente para nosotros). Nos dimos una vuelta por la animadísima zona de Little Italy y nos marchamos a cenar a un restaurante japonés justo al lado del motel.

Por supuesto nos dejamos muchas cosa por ver en San Diego, en sólo un día y medio es imposible verlo todo. Algunos de los lugares más conocidos de San Diego para ir con niños están relacionados con los animales, el zoo de San Diego que es considerado uno de los mejores del mundo o el SeaWorld San Diego, medio acuario medio espectáculo de animales. Pero no nos apetecía mucho ir a estos lugares, especialmente al SeaWorld.

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